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¿QUÉ PASÓ CON… LA REFORMA DE LA ORTOGRAFÍA ESPAÑOLA?
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Por Michael Sanz

Poco antes de empezar a ver con unos amigos un partido de fútbol (palabra derivada del inglés para la cual existe su equivalente en español, balompié, muy poco usado por cierto) comenté la idea de escribir este artículo sobre la reforma ortográfica de la lengua española y la reacción fue: “Es verdad, ¿qué pasó al final con eso?”. Es decir, todos habían oído las primeras noticias sobre el futuro cambio de la ortografía, pero ninguno conocía su desenlace y menos aún habían notado un cambio en su día a día al respecto.

En noviembre de 2010 se recibía con estupor la noticia de la inminente reforma ortográfica de la lengua española principalmente con el fin de unificar esta lengua, tal y como había sucedido la última vez en 1999, aunque en esta ocasión se pretendía crear una ortografía verdaderamente panhispánica. El revuelo fue tal, que en las tertulias entre familiares, amigos y compañeros de trabajo era frecuente escuchar algún comentario en referencia a este tema (casi siempre negativo) y personajes destacados del mundo de las letras no tardaron en dar su opinión a favor y en contra de dicha reforma.

Con la misma se pretendía cambiar, entre otros aspectos, la acentuación, pasando a eliminarse muchas tildes (seamos sinceros, quién no se ha comido alguna vez una tilde y no se alegraría a priori de esto…), e incluso el nombre de algunas letras para unificarlas en todo el espacio hispanohablante. Quizá esto último fue de lo más polémico, porque en principio la letra “y” iba a dejar de llamarse “i griega” para llamarse “ye”. He de reconocer que yo mismo no podía evitar la asociación de ideas entre el nuevo nombre (para mí) de esta letra y Concha Velasco con su “chica yeyé”. Esta asociación de ideas fue tan habitual, que no es de extrañar que coloquialmente se hablara de la “reforma yeyé”. En comparación, la propuesta de eliminar definitivamente la tilde diacrítica del adverbio “sólo” y de los pronombres demostrativos no era más que anecdótica.

Pero, ¿por qué generó globalmente tanto rechazo esta reforma en España? Para intentar entenderlo, nos fijaremos en el caso del portugués. Con este idioma pasó algo parecido a lo que está sucediendo con el español. Ya por 1990 se firmó un tratado internacional para crear una ortografía unificada para el portugués en todos los países de lengua oficial portuguesa. Sin embargo pasaron muchos años antes de que todos los países que firmaron el tratado lo ratificaran. El ejemplo más llamativo es el de Portugal, donde de hecho a fecha de hoy aún no se aplica la nueva ortografía en el sistema educativo (pasará a aplicarse en el año lectivo 2011/2012). A simple vista parece que los portugueses no estaban deseosos ante esta novedad…

¿Existirá un paralelismo entre ambos casos? ¿Somos los españoles y portugueses tan reacios al cambio? Yo diría que ésta no es la razón. Me centraré lógicamente en el caso español, pero posiblemente mis conclusiones serían muy similares, si no idénticas, para el caso portugués.

Como en el caso del término español “fútbol”, la lengua española se ha modificado enormemente (por ejemplo ya no se utiliza el mismo lenguaje que en la Edad Media) y ha adaptado a lo largo de la historia innumerables vocablos de otras lenguas, en los últimos tiempos mayoritariamente del inglés, de una manera bastante natural. Es decir, se puede afirmar que una lengua es como una especie animal que evoluciona y que yo sepa no se ha sugerido que esto haya sido algo negativo con tanta vehemencia como en el caso en cuestión. Entonces, ¿a qué viene esta reacción ahora?

A mi entender, la reacción no se debe al momento, sino a las circunstancias. Aunque se argumentó que el rechazo se debía a cuestiones meramente lingüísticas, al empobrecimiento del idioma, etc. yo iría más allá. Creo que en el fondo nos consideramos los creadores de la lengua española (de ahí su nombre, claro) y nos parece incongruente que tengamos que adaptarnos a las variaciones que se han hecho del español en otras partes del mundo. Vamos, que en general nos parecen bien o al menos normales las influencias procedentes de Inglaterra, Alemania, Francia…, pero no las de Argentina, Perú, Colombia… ¿Acaso nos pertenece el idioma a unos pocos? ¿Quién tiene derecho a decidir sobre la evolución de una lengua?

No soy lingüista, ni pretendo sentar cátedra (ni mucho menos), simplemente daré mi opinión en relación a este asunto, partiendo de la base de que a nivel personal muchos de los cambios adelantados al inicio de este proceso no eran precisamente de mi agrado...

Ante todo creo que ningún colectivo ni nacionalidad posee la titularidad en exclusiva de un idioma. Ésta la compartimos todos aquéllos que hacemos uso del mismo y especialmente aquéllos en un país en el que es lengua oficial. Además existen profesionales e instituciones (por ejemplo Academias de la Lengua Española) que trabajan a diario con este tipo de cuestiones, cuyo criterio probablemente sea más válido que el mero capricho de los hablantes. Finalmente, confío en la democracia a muchos niveles y también en éste. Si hay muchos más hispanohablantes en Hispanoamérica que en España (o más lusohablantes en Brasil que en Portugal) quizás no tenga sentido tratar de imponer las normas de unos pocos a todo un colectivo.

Por tanto, considero que es positivo unificar criterios de una manera razonada y consensuada por los profesionales capacitados para ello con el fin de reforzar la presencia de ese idioma en el mundo. Es decir, cambios sí, pero no caprichosos ni aleatorios, sino bien meditados y siempre y cuando mantengan en la medida de lo posible la riqueza lingüística del español.

Para terminar, una información para los más despistados. Finalmente se aprobó la reforma de la ortografía a mediados de diciembre de 2010. Eso sí, se suavizó considerablemente respecto a la propuesta inicial, rebajando hasta grado de recomendación cuestiones tales como el nombre de ciertas letras (por ejemplo la “y” que seguirá siendo “i griega” o “ye”) y la acentuación del adverbio “sólo” y de los pronombres demostrativos. Aunque la eliminación de la tilde de los monosílabos ortográficos como “guion” y “truhan” sigue adelante.

 

 

 

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Home Primavera 2011 ¿Qué pasó con la reforma de la ortografía española?