| LA MALA TRADUCCIÓN MATA |
Por Silvia Díaz y Ricardo VivancoHace poco un colega nos dio la copia del menú de una casa de comidas de El Grove. Desconocemos si nos tomó el pelo o si la sacó directamente de la web de Gomaespuma o El Especial del Humor… ![]() Al parecer el dueño del restaurante se dejó convencer por el clásico “yo te hago una traducción muy barata”. La verdad, nos morimos de ganas por ver la cara de una hambrienta pareja de británicos que en el menú leyese Female Jews with Thief en vez de French beans with pork-sausage. ¿Exageramos? Puede que sí, pero… ¿qué impresión les causa esta página de un manual de usuario? ![]() Vaya, vaya… ¿en qué estaban pensando el traductor, revisor y editor para confundir ejection con ejaculation?, la nada erótica imagen es de un vídeo, no la de la Bundchen. ¿Se fiaron alegremente de un traductor automático? ¿Y qué pasó con los controles de calidad? Un proverbio chino dice: “Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino”, y esto es muy cierto en el campo de la traducción. El objetivo de cualquier empresa que fabrique un producto o brinde un servicio es vender productos o servicios. Para ello cuenta con creativos, especialistas en marketing, sociólogos, publicistas. Los productos farmacéuticos deben someterse a innumerables pruebas, estudios, ensayos y análisis de todo tipo, estrategias de protección de marca y de producto a lo largo de todo el ciclo de vida del producto. Pero… ¿existe una conciencia de la importancia que tiene la traducción como herramienta de protección de la imagen o a la hora de proteger un derecho?, una mala traducción… ¿mata todo el esfuerzo realizado? Como responsables de calidad, nos preocupan la falta de rigor que muchas veces se observa en las traducciones y las consecuencias que la mala calidad puede tener para el usuario final. Pero también preocupa cómo a la hora de seleccionar un proveedor de servicios de traducción, el comprador se deja deslumbrar por el precio sin considerar que el low cost siempre tiene extras. ¿Quién no se ha visto en una lluviosa tarde despotricando barbaridades sobre una determinada marca de televisor que intentaba sintonizar para finalmente descubrir que la versión en español no contenía dos párrafos fundamentales que sí estaban en la versión alemana del folleto? Las modernas tecnologías (las de traducción también) nos han facilitado mucho el trabajo pero contribuyen a crear una rutina de trabajo. Que nadie nos saque de ahí… Que nadie nos pida que cambiemos nuestros hábitos, ni que hagamos cosas diferentes. Que nadie nos pida que nos desviemos de nuestro día a día al que tanto cariño le hemos cogido. Pero con tanta tecnología facilitándonos las cosas… ¿somos todos conscientes de que en nuestro caso la fe ciega en la tecnología es inútil si no entendemos primero las necesidades del cliente para poder atenderlas de la manera más acertada posible? La traducción farmacéutica requiere por ejemplo entender perfectamente el ciclo de vida de un producto farmacéutico (I+D, Clínica, Registros, Fabricación, Marketing y Farmacovigilancia). Cada etapa tiene unas necesidades específicas y del entendimiento o no de las mismas dependerá nuestra capacidad no sólo para hablar en el lenguaje del cliente sino también para integrar las traducciones y sus requerimientos en función de cada etapa del proceso. Hace muchos años, un cliente del sector nos pidió incluso que pusiéramos un especial cuidado en la traducción de should o must sobre todo en la traducción de los folletos para paciente o consentimientos informados. ¿Manías del cliente? No. ¿Evitar confusiones que pudieran dar lugar a implicaciones jurídicas? Sí. ¿Y qué pasa con la traducción de patentes? Supongamos que hay un término que por su complejidad, por no tener tiempo suficiente para buscar la traducción más adecuada, por falta de formación técnica, el traductor pone lo primero que encuentra en un diccionario on-line de los muchos que abundan en la red. Dará lo mismo hablar de “que comprende” o “que consiste en” (lista abierta de elementos frente a una lista cerrada), ¿Qué consecuencias tiene en patentes el mero cambio de una y por una o? ¿Altera el alcance de las reivindicaciones la simple omisión de una palabra? Si sólo hay un error en 10.000 palabras de una patente de aeronáutica… ¿es una traducción perfecta?, ¿qué consecuencias puede tener confundir en la traducción pitch como “paso” en vez de “cabeceo”? ¿Son errores sin más o tendrán alguna relevancia en un futuro? ¿Entiende el traductor qué es una patente? Lo primero que nos enseñan los especialistas en propiedad industrial es que una patente es “una concesión por el estado de derechos exclusivos durante un tiempo limitado con respecto a una invención nueva y útil”. El derecho concedido excluye a terceros de fabricar, utilizar, vender o importar la invención en el país para el que se ha conseguido la patente. La patente es por tanto un medio eficaz de resarcirse de años de trabajo y de recuperar cuantiosas inversiones realizadas en I+D. Crea por tanto fuertes expectativas económicas, da valor añadido al valor de la empresa, imagen empresarial, capacidad de negociación, etc. En nuestro caso, también nos inculcaron que al ser un derecho, el redactor de patentes intentará obtener una patente con el mayor alcance de protección posible. En numerosas ocasiones, aprovechando al máximo las singularidades que cada idioma ofrece, un redactor no dudará en introducir de manera deliberada todas las ambigüedades que los examinadores de las oficinas de patentes puedan permitir. Se trata siempre de ambigüedades muy bien calculadas, que explotan al máximo las posibilidades de la lengua en que se redactó la patente, la jerga de patentes en la que los distintos términos tienen claras implicaciones jurídicas y la terminología técnica propia de cada campo técnico y los propios límites de las leyes de patentes. Además, nunca se cansaron de insistirnos en que las patentes publicadas pasan a formar parte del, entre otras fuentes, estado de la técnica que a su vez determinará la novedad de futuras patentes. Así pues, patentes mal redactadas o mal traducidas podrían dar lugar a decisiones erróneas. Y finalmente la experiencia nos llevó a la firme convicción de que la vigencia de las patentes durante veinte años (contados a partir de su fecha de solicitud) hace que cualquier error de redacción o de traducción quede como un error oculto (una especie de troyano) que puede surgir de manera brutal durante, por ejemplo, un litigio. Por tanto, si es una regla de oro que todo esfuerzo técnico que no se haya realizado en la cuidadosa redacción de la memoria y las reivindicaciones se pagará caro a la hora de hacer valer ese derecho frente a terceros, la misma regla se aplica en la traducción, es decir, cualquier esfuerzo escatimado en la calidad, la precisión y la claridad tendrá consecuencias catastróficas. Da mucho miedo traducir una ficha técnica de producto o un consentimiento informado en el que no se han cuidado los matices, o traducir pleitos por infracción de patente y observar como el alcance de protección de unas reivindicaciones se ha visto negativamente afectado por una aparentemente pequeña omisión o la simple confusión de una y por una o. Por tanto, frente a las alegres ofertas de traducción de empresas magramente certificadas, el cliente debe tener muy claro que una mala traducción mata y que es totalmente insuficiente que el sistema de calidad de una empresa se fundamente únicamente en las normas ISO 9001 y EN 15038 que sólo garantizan la calidad del servicio de traducción pero no necesariamente la calidad final del producto. Aparte de una adecuada especialización, sólo una métrica especialmente concebida para la traducción farmacéutica o de patentes permitirá garantizar la calidad final del trabajo realizado teóricamente listo para entregar al cliente. En nuestro caso, la implantación de un sistema propio de métrica partió de una premisa básica: LA MALA TRADUCCIÓN LE COSTARÁ CARO AL CLIENTE Y A NOSOTROS NOS COSTARÁ EL CLIENTE. Frente a conceptos como “herramientas de traducción asistida”, “traducción automática”, etcétera, no perdamos la perspectiva. Los avances tecnológicos son inevitables y su rechazo es una necedad. Pero creer en ellos como la panacea de las traducciones low cost puede llevarnos a sorpresas tan desagradables e hilarantes como las expuestas en este artículo. La métrica deberá darnos respuestas ante preguntas como: ¿Es homogénea la traducción? En definitiva… ¿Podrá superar la traducción las incidencias que surjan en el futuro…? Todo dependerá de una decisión adecuada. |